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martes, 5 de abril de 2011

La vida familiar de los mártires

Una de las mayores necesidades en medio de las iglesias hoy es fortalecer la vida familiar. ¿Cómo fueron los hogares de los grandes hombres y mujeres de Dios del pasado?

D. Kenaston

Todos los que viven piadosamente sufrirán persecución. Este sufrir produce más gracia, un amor más profundo y una carga mayor por los perdidos. Con el tiempo, todo esto resulta en una iglesia poderosa y dinámica, la que es el cuerpo de Cristo en la tierra. Los anales de la historia de la iglesia son adornados con los testimonios de tal avivamiento entre el pueblo de Dios, acto que arde con el combustible de los efectos de la persecución.

Había un precioso grupo de tales personas que vivía en Europa durante el siglo XVI. Sus perseguidores los llamaban ‘Anabaptistas’ o anabautistas (Estas palabras significan: ‘Bautizar otra vez’.); porque ellos creyeron en el bautismo del creyente y renunciaron a su bautismo infantil, realizado por la Iglesia Romana. Oh, ¡cuánto amaban al Señor Jesucristo! Oh, ¡cuánto amaban la Palabra de Dios y querían obedecerla en cada aspecto! La persecución y el martirio les esperaban a esas preciosas personas por dondequiera que iban. Desde el año 1525 al año 1600, multitudes de ellos dieron sus vidas por la causa de Cristo.

Estos años abarcaron tres generaciones. Hace tiempo pensaba: «Esos pequeños rebaños eran gente poderosa». Ellos debieron de tener hogares potentes. Pero hay un problemita. No hay escrito mucho acerca de ellos, tampoco hay mucho acerca de sus hogares. Hace tiempo se sugirió investigar la historia de los mártires de esa época, en cuanto a sus hogares. Hay un libro grande titulado, The Martyr’s Mirror (El Espejo de los Mártires) que está en las libreras de casi todos los hogares de la comunidad donde vivo. Tiene más o menos 1100 páginas con cartas e historias, hechos vívidos en los juicios, confesiones y muertes de esos mártires. Hemos devorado este libro, encontrando una inspirante e instructiva mina de oro. En el mismo, hay muchas cartas escritas en la prisión. Hay cartas de un padre o de una madre, escritas a sus hijos un poco antes que los quemaran en el poste. Hay cartas de un marido a su esposa o viceversa.

También hay cartas de los jóvenes, escritas para sus padres. Yo tenía que leer entre líneas en mi búsqueda del tesoro, porque no hay enseñanza directa sobre el hogar. Sin embargo, el tesoro está allí.

Hace un tiempo había enseñado que una vida dedicada, que se vive real y a cada momento ‘detrás de las puertas cerradas’, producirá hijos piadosos. Este principio no se había revelado tan claramente antes, como en este estudio de los anabaptistas y sus hijos. A través de la persecución, la gracia fluía como un río desde los padres hacia sus hijos. Quiero hacer notar de varias maneras cómo esto pasó. Ya sea por la falta de historias e interesantes eventos escritos, actualmente no hay tales registros. Creo que las autoridades de ese entonces quisieron destruir la memoria de esa gente que servía a Dios fielmente. Pero en lugar de esto, sus vidas produjeron otra generación de cristianos brillantes, que frustraron y confundieron a esas autoridades. Creo que nosotros y nuestros hijos vamos a enfrentar la persecución en el futuro.

Es muy bueno que nosotros averigüemos si estamos en el mismo y correcto rumbo. El rumbo que dirigió a aquellos padres del siglo XVI a criar a otra generación de jóvenes preparados para morir por «la fe que ha sido una vez dada a los santos» (Judas 3). Vamos a leer ‘entre líneas’, para ver lo que se esconde allí.

El amor y la unidad en el matrimonio

Una de las piedras fundamentales de un hogar santo es el amor que fluye dentro del matrimonio. Es una de las influencias quietas y misteriosas que moldean las fuerzas y seguridades interiores de los hijos. Cuando el papá y la mamá se aman el uno al otro, los hijos pueden soportar muchas pruebas y tribulaciones.

Así eran los anabaptistas. Fui inspirado y desafiado leyendo una y otra carta de, y para, los prisioneros. Hay unos principios que captaron mi atención, leyéndolas. Primero, noté que el compañerismo que tenían con el Padre y Su Hijo era dulce y los esposos se llamaban el uno al otro ‘hermano’ y ‘hermana’, aunque eran esposos. Segundo, a menudo encontré las palabras ‘uno’, ‘unidad’ y ‘una carne’ en las cartas. Sin duda, tenían ellos una potente unidad en sus matrimonios, la cual se menciona una y otra vez. Creo que esto era a razón de vivir con la unción del Espíritu. Hay una unidad que proviene del Espíritu y ésta no es fabricada al hacer un acuerdo entre dos personas, sino es el fruto de dos vidas caminando juntas a Dios. Fíjate en el corazón de este matrimonio piadoso, en la carta citada a continuación:

«Yo, Martín van der Straten, tu querido esposo y hermano en el Señor, te deseo mucha gracia y misericordia de parte de Dios, nuestro Padre Celestial. De un corazón cariñoso y lleno de amor, mi querido amor, te saludo con fervor. Oh, mi amor queridísimo, a quien amo yo con todo mi corazón, de acuerdo con la Palabra de Dios, que un hombre debe dejar a su padre y a su madre y unirse a su esposa. Porque realmente, mi querida corderita, eres carne de mi carne y hueso de mis huesos. Mi querida amada, de quien tomé la mano con lágrimas de gozo, espero y confío que estés bien, en alma y cuerpo».

La verdadera fe

Oh, ¡cómo poder trasladar a los hijos una fe viva y vibrante, real, y con frutos en la actualidad! Este es el sincero anhelo de cada padre y madre. He notado que se necesita tal fe en los padres, para que los hijos tengan la misma. Una buena iglesia no es suficiente para esto. La buena predicación tampoco lo alcanzará.

La antorcha tiene que arder en el corazón y en la mano de una generación para que se pase a la siguiente. Esos mártires morían por su fe; no era por la teología, nada más. La fe, para ellos, era en verdad una fe interior, pero a la vez, práctica. Por esto, muchos sufrieron el martirio. ‘Cual el cuervo, tal su huevo’ se dice, y es muy veraz en cuanto al hogar. ¿Cómo es nuestra fe? ¿Están nuestros hijos listos a morir por ella? O, ¿es nuestra fe igual a la de millones que se dicen ser cristianos, pero cuya fe no trae nada de persecución? Fíjate en el corazón de este padre piadoso, en sus finales palabras a su hija:

«Mi queridísima hija, busca con diligencia las Santas Escrituras. Hallarás en ellas que tenemos que seguir a Cristo Jesús y obedecerle hasta el fin. También, hallarás al rebañito que Le sigue. Esta es la señal: viven una vida penitente (en el sentido de dolor por los pecados, con deseos por la santidad). No son conformes a este mundo. Evitan todo lo malo y se encantan en hacer lo bueno. Tienen hambre y sed de justicia. Crucifican su carne pecaminosa más y más cada día; hacen morir al pecado que hace guerra en sus miembros. Buscan y pelean por conseguir lo honesto y lo de buena reputación. No resisten a sus enemigos, y su palabra es fiel. Sienten tristeza por no vivir más santificadamente, por la que frecuentemente lloran y suspiran».

La palabra de Dios

No creo que nosotros, los cristianos americanos, entendamos el potente efecto que la Biblia puede tener en nuestros hijos. Algunos hasta piensan que leyendo demasiado la Biblia, se volverán locos. Así dijo un maestro al apóstol Pablo (Hechos 26:24). Algunos dicen que eso es el lavado de cerebro. Bueno, yo creo que sería bueno, si nuestros cerebros fueran lavados de la sucia sociedad en que vivimos. Si llenamos la mente de un niño con la Palabra de Dios, pensará en ella durante todos los años en formación. Y, ¿qué pasará? «Todo lo que hace, prosperará» (Sal. 1:3)

Esos anabaptistas estuvieron enamorados de la Biblia. Tenían un Nuevo Testamento a su lado, siempre. Lo abrían y leían en cualquier momento que pudieran, sea en su trabajo o en la casa. En sus cartas, los padres animaban a sus hijos a leerlo en cada oportunidad. En el hogar, se leía y se enseñaba. Se alimentaban de la Biblia en la mañana, al desayuno y al almuerzo. Reverenciaban la Palabra de Dios de tal manera. Los niños fueron enseñados a leer y a escribir en el hogar. ¿Para qué? Sólo por una razón – leer y escribir con la Palabra de Dios.

Leyendo las muchas cartas y discusiones que son registradas en The Martyr’s Mirror, notarás algo inmediatamente: ésas se leen como la Biblia misma. Muchas de las oraciones que se escribieron en las cartas son citas directas de la Biblia. Las cartas fluyen como una carta normal, sin embargo, contienen uno y otros versos de las Escrituras. Unas mil páginas así, bastan para convencer a cualquier persona que aquella gente conoció la Biblia. Tenían que haber memorizado cientos de versos. Estoy seguro que no se permitían Biblias en la prisión, mientras escribían las cartas. Por esto, tenían que escribir de memoria tantos versos. ¿Cómo pasó esto? «…que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación» (2ª Tim. 3:15). Los padres tenían que sembrar la preciosa semilla en los corazones de sus hijos. Tenían que llenar los tiempos vacíos con el agua de la Palabra, no con el diario ni la televisión. ¡Despiértense, cristianos, despiértense! Preparémonos y preparemos a nuestros hijos.

Se necesita padres humildes

Frecuentemente los padres vienen a mí con muchos fracasos por confesar. Y me preguntan, «¿Qué debo hacer?» y «¿Cómo puedo compartir mis fracasos a mis hijos?». Siempre les doy el mismo consejo. Les digo que deben reunir a la familia y humillarse por medio de la confesión. Muchos padres están opuestos a esto. Temen que perderán el respeto de sus hijos y luego los hijos no les obedecerán. Nada puede estar más lejos de la verdad. Cuando tú, padre o madre, te humillas ante tus hijos, realmente te respetarán mucho más, a causa de tu honestidad. Tus hijos saben cuándo te conduces mal. Si tú guardas silencio y no lo confiesas, actuando como hipócrita, vas a perder.

Examinando esas cartas, noté algo interesante en las palabras y pensamientos de los padres que estaban en la prisión. Hablaron de cómo fallaban en sus hogares, tantas veces. Bueno, yo podía discernir a través de su consejo, que realmente ellos eran cristianos poderosos, tanto los hombres como las mujeres.

De hecho, se pudiera escribir de las muchas y buenas cosas que lograron, pero esto no está de acuerdo con el Sermón del Monte. Ellos eran pobres en espíritu y llenos de lloro hasta el día de sus muertes. Si los poderosos, que son ejemplos para nosotros, pueden confesar sus fracasos, ¿cuánto más nosotros, que fallamos en muchas áreas? Quizá sea el tiempo para tener un avivamiento familiar a la forma antigua y luego andar humildemente, ante la familia.

Una vida de devoción

Enoc caminó con Dios, Noe caminó con Dios, Abraham caminó con Dios y los hijos les siguieron a ellos y a su Dios. Hay un secreto en esto; un secreto sencillo que no queremos perder. Ellos vieron al invisible y vivían para mostrar a la siguiente generación sobre esto. Hemos estudiado muchas historias de los hogares y encontrado esta importante llave en cada una de ellas. Los queridos mártires anabaptistas son ejemplos también. De hecho, es algo más destacado entre ellos, que cualquier otra historia estudiada anteriormente. Pues, hemos encontrado acá y por allá a unos cuantos padres que caminaban con Dios, entre los anabaptistas hallamos una multitud de los tales. Yo sé que no es correcto orar para que venga persecución, pero ¡qué grupo de cristianos débiles somos! Necesitamos una dosis de sufrimiento y purificación.

También, hallé oración por todos lados entre los anabaptistas. Oraban en la mañana, al levantarse. Oraban antes de comer y otra vez al terminar. Oraban antes de acostarse por la noche y oraban mientras andaban de un lugar a otro. Parece que oraban sin cesar. Tenían que orar, porque no sabían si las autoridades vendrían en cualquier momento para echarlos en la cárcel. Hermanos, tenemos que orar igualmente, pero no comprendemos cuánto lo necesitamos.

Sus vidas manaban devoción a Cristo. Los padres exhortaban a sus hijos a leer y a meditar en cada momento y ponían en práctica lo que exhortaban. Esto promueve una completa devoción a Dios, no sólo por un momento apurado de la mañana. Muchos de nosotros hemos caído tanto, que ni siquiera tenemos este momento. ¿Esperamos convencer a nuestros hijos que Dios vive, sin tener comunión con Él? ¡No creo!

Odio al pecado y al mundo

A los mártires anabaptistas y a los que sobrevivieron la persecución, el pecado y el mundo eran cosas peligrosas. Parece que a cada mártir, padre o madre, tenía algo que decir en cuanto a esas hermanas gemelas de destrucción. El pecado te separa del Dios Viviente, y para los padres a punto de sufrir el martirio, esto era la tragedia mayor que pudiera pasarle a una persona. Entonces dieron aviso a cada hijo, una y otra vez, a fin de prepararles para aguantar el día malo. «El mundo es un lugar de donde vienen el sufrimiento y la persecución. No entres en él más de lo necesario». Se hizo muy claro, leyendo las historias: El mundo no es un campo de recreo, sino un gran campo de guerra, donde las fuerzas del bien y del mal pelean para ganar las almas de los hombres.

¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos acerca del pecado y el mundo? A través de nuestras palabras y hechos, les enseñamos algo sobre estos dos. El mundo; ¿Cómo le parece a los ojos de nuestros hijos? ¿Un lugar para ganar dinero? ¿Un lugar para jugar y divertirse? ¿Luces brillantes, movilizaciones rápidas, mucha música y películas? Y, el pecado; ¿qué tal? ¿Cómo les parece? ¿Piensen hijos como es el cristianismo moderno de hoy día, ‘Todos pecan casi todo el tiempo, aleluya por la sangre’? Queridos padres, «las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres» (1ª Cor. 15:33). Escuchen las palabras de un padre que iba a ser quemado en el poste en días postreros:

«Mi única y queridísima hija: Considera a la maldad del mundo, a los eruditos y a los maestros, observando cómo ellos derraman la sangre inocente y son llamados cristianos espirituales. Te ruego, hija queridísima, no los sigas. Lee las Escrituras y al llegar a ser adulta, ora a Dios, que te muestre cuál es lo bueno y cuál es lo malo; qué es la mentira y qué es la verdad; el camino de la perdición y el angosto, que lleva a la vida eterna. Cuando veas la pompa, la jactancia, el bailar, la mentira, el engaño, la maldición, el pelear y otras cosas malas, sepas hija mía, que esto no es el camino correcto. No sigas sus caminos, aunque te seduzcan con atracciones lindas y te prometan cosas finas. Por esto, mi querida hija, sigue a Cristo y cuídate del pecado, no lo cometas, porque siguiéndole a Él, te salvarás».

El amor prevaleciente

La ley del Reino de Dios es el amor – el amor poderoso y vencedor. Creo que a veces pasamos por alto esta palabra como si fuera un ‘el’, ‘a’, ‘de’ u otra palabra pequeña. No es. Es la palabra de más influencia en la Biblia. Yo sé que hoy se ha rebajado hasta una mera experiencia emocional nada más. Sin embargo, busquemos en las vidas de los mártires anabaptistas para saber cómo realmente debe ser. Se entiende hoy que la unción recibida durante la persecución los llenó de la naturaleza divina. El amor es el atributo sobresaliente de ésta. Esa querida gente tenía una doble porción del amor ‘ágape’ en sus hogares. Encontré este fuerte pegamento saliendo de todas sus cartas. ¿Cómo es que los despreciados y odiados son los que son bautizados en el amor? Esta es una de las paradojas que solamente realizan los sufridos.

Para mí es claro que el amor reinaba en sus hogares: el amor entre todos los miembros de la familia. Sabes qué, puede pasar uno cualquier prueba, si es amado y vive en un ambiente amoroso. En las cartas, este amor rebosaba en los destinatarios de las cartas. Rebosaba desde el esposo a la esposa y viceversa. Fluía de los padres a los hijos y de los hijos a los padres y, aun de un hijo al otro. Esta clase de amor se siente profundamente, pero a la vez es un amor que hace lo correcto y habla la verdad, en buen consejo. Esto es lo que necesitamos en nuestros actuales hogares, un amor profundo y sincero que no necesita la pretensión. Un amor que puede mirar al otro a los ojos y al corazón y decir: ‘Te amo’ y se entiende que es veraz por la sinceridad del corazón y los hechos de su vida. Escucha el corazón de un hijo que escribió a su madre, un poco antes de sufrir la muerte:

«Mi querida mamá: Deseo que el eterno y misericordioso Padre de gracia esté contigo, así como el amor de Dios y el consuelo del Espíritu Santo. Mi muy querida mamá, a quien amo con ahínco, quien me llevó en su propio cuerpo y me trajo a este mundo con dolores. Sí, tus pechos me alimentaban, me diste de comer y me instruiste en toda verdad. Tú, querida madre, me has guardado de todas las pecaminosas compañías, sí, me has guardado de la ramera de Babilonia. Me has llevado a la iglesia del Dios Viviente. Me has guardado del pecado, según tu mejor capacidad».

La pobreza bendita

La última ayuda santa que quiero hacer notar es el efecto que la pobreza tuvo en la siguiente generación de los anabaptistas. Fueron perseguidos y cazados de un pueblecito a otro. Nunca sabían cuando tendrían que sufrir la pérdida de sus bienes otra vez. Nunca sabían cuando tendrían que levantarse en la noche, para huir con las pocas cosas que pudieran llevar en la mano. Muchos de los padres de ese entonces escribieron con tristeza a sus hijos, «No tengo nada de dinero para darte en la hora de mi muerte». Esto dejó a la madre con toda la carga de mantener a la familia. A menudo un hijo muy joven tenía que madurar aprisa para poder ayudar en suplir las necesidades. Esto trajo bendiciones a los hijos. Aprendieron a trabajar duro desde su niñez y trabajando fue su manera de vivir. No tomaron a mal esto. Era por la causa de Cristo. No tenían mucho tiempo para jugar.

Aprendieron también a vivir sin muchas cosas materiales. Esto los enseñó en los ejercicios de la abnegación. No hicieron tesoros en la tierra. ¿Por qué? Los ladrones vendrían y se los robarían. Su pobreza material obró en ellos una pobreza espiritual en lo interior. Esto les provocó confiar en Dios de continuo.

Hay mucho más que pudiéramos aprender de esa querida gente. Sólo he tocado la superficie. Acuérdate, ¡ese libro tiene más de mil páginas! Te animo a que consigas una de las porciones traducidas al español y leerla, fijándote en lo que está entre líneas.

El reto que quiero poner delante de nosotros es este: ¿Qué tal de nuestras familias? ¿Estamos listos para soportar la persecución? ¿Hemos preparado a nuestros hijos para tales pruebas? Los anabaptistas entendieron que sus hijos probablemente enfrentarían el martirio, quemándose en el poste. Entrenaron a sus hijos para tales cosas.

Hay una teología del martirio: era un honor para la iglesia primitiva sufrirlo. ¿Cómo lo miramos nosotros? No pasará sin dejarnos libres. Nosotros, la iglesia actual, no escaparemos del martirio. No te engañes. Si el arrebatamiento nos protegiera de todo, ¿por qué sufren muchas personas el martirio, hoy en día? Hay más mártires en el siglo pasado que en todos los 19 siglos anteriores.

Oh, querido Padre celestial, ¡despiértanos! Antes que sea tarde, ¡despiértanos! Danos la fuerza y la gracia para criar generaciones de hijos que se gocen en la oportunidad de morir para el Señor Jesucristo. Amén

La vida familiar de Arthur T. Pierson

D. Kenaston

Arthur T. Pierson nació en el año 1837, y vivió en la época del gran avivamiento en Norteamérica. Sus contemporáneos fueron hombres como Charles Finney, D. L. Moody, Ira Sankey y Charles Spurgeon. Aunque no es tan conocido como estos, sus contribuciones a la iglesia de Jesucristo fueron grandes.

Era uno de los pastores más exitosos de su época, edificando sus congregaciones sobre predicaciones bíblicas y un personal cuidado pastoral. Fue también un pastor misionero.

Pierson fue un reconocido maestro de las Escrituras y escritor. Entre sus libros, destaca The New Acts of The Apostles (Los Nuevos Hechos de los Apóstoles), y Keys to the Word (Claves para el estudio de la Palabra).

Su herencia

Mirando la herencia de este hombre piadoso, otra vez me maravillé de cuán largo es su linaje pío. Nosotros casi no podemos comprender una herencia que durara por doscientos años, unas ocho generaciones antes de nuestro biografiado.

Sus padres

El linaje de Arturo, de ambos padres, se puede trazar en el pasado de los poblados fundados por el patriarca de la familia, Abraham. Este era un pequeño pueblo que hoy se llama Newark, Nueva Jersey. Esteban y Sally, padres de Arthur, vivían en la ciudad de Nueva York y asistían a una de las iglesias pastoreadas por Carlos Finney. Por esto, los dos estaban bien arraigados en los avivamientos que ocurrían en aquellos días. También, en esa época las denominaciones de la Reforma Protestante estaban abriendo los ojos ante los desatendidos de los campos lejanos, que anteriormente ni se les hacía caso. Las cuestiones sobre el avivamiento se discutían en ese entonces, y las misiones igualmente. Los asuntos de la anti-esclavitud hacían un frente, que amenazaba dividir a la nación a través de una guerra civil. En medio de todo esto nació Arthur, el noveno de diez hijos de la familia Pierson.

Su padre, Esteban, era un comerciante, firme y muy respetado en su época. Un hombre de principios sólidos, trabajó honestamente la contabilidad durante cuarenta años en Nueva York. Era un hombre quieto, de pocas palabras, pero las que usó eran conocidas como palabras sabias. Arthur se recordaba de muchas de las amonestaciones de su padre, aun en su propia vejez. Ese hombre fue anciano de la Iglesia Presbiteriana, la que fundó Carlos Finney, su fe fue absorbida por todos sus hijos.

Sally, la madre, nació en un hogar de catorce hijos. Esto le afectó a ella en buena manera. No hay lugar para la mezquindad en un hogar de tal tamaño. No se sabe mucho acerca de su vida antes de casarse, pero conoceremos su vida como esposa y madre. «Consideraba los caminos de su casa» (Proverbios 31:27) y estaba muy ocupada con sus diez hijos. Llena de celo en medio del avivamiento, siempre hospedaba a muchos. Fue una madre enérgica y siempre hizo tiempo para las obras de caridad. Arthur tenía la misma personalidad, alegre y fulgente, como su madre; además, tenía otros dones de ella, aunque se desarrollaron más en él que en ella.

Su entrenamiento en el hogar

Esteban y Sally creyeron y visualizaron tener un hogar cristiano con un ‘propósito’. No era un accidente, ni una palabra añadida para parecer impresionante. Criaron a sus 10 hijos para que amaran al Señor y le sirvieran. El fuego del altar ardía mañana y tarde en el hogar de los Pierson. ¿Está Dios tratando de enseñarnos algo? Parece ser que las personas que hemos estudiado en esta sección se criaban en hogares donde tenían cultos familiares dos veces al día. Quizás pueden compararse a los sacrificios hechos en las mañanas y tardes, de los días de la antigua ley levítica. En el hogar Pierson, este privilegio siempre se realizaba. Otras cosas, sí, se perdían en este hogar atareado, pero no los cultos familiares. El padre les enseñó a los niños el catecismo y siempre se memorizaban versos de las Escrituras. Tales actividades trajeron indecibles bendiciones en la vida del joven Arthur.

Su hogar era muy activo por la cantidad de hermanos y hermanas que había para jugar y aprender de ellos. Esta gran familia proveyó las oportunidades normales de abnegación, las cuales pueden moldear a un niño a ser una persona que considera a los otros. Arturo vivió sus primeros años en una época en que la nación estaba en escasez financiera. Esto le trajo pobreza y las disciplinas necesarias para pasar tales tiempos.

Las actividades de la iglesia le influyeron profundamente, teniendo recuerdos de ellas desde la edad de seis años. La familia Pierson se trasladó a los suburbios y Arturo fue inscrito en la escuela dominical. Había dos clases cada domingo a las que tenía que asistir, más el culto normal de la mañana; por esto las impresiones espirituales eran numerosas. Cuando fue un hombre viejo, recordaba tales tiempos. Y, por eso Arthur escribió acerca de los permanentes efectos de esos primeros años en la iglesia así:

«Atribuyo al Dr. Patton y a los pocos años en que asistí a la Iglesia de calle Spring, las convicciones que han quedado conmigo hasta esta misma hora».

También compartió de los avivamientos, en los que siempre había conversiones sólidas y se gozó de la dieta regular de sanas prédicas bíblicas, que se servían semana tras semana. Su primer interés en las misiones fue sembrado en su corazón por uno de los maestros que esperaba irse al campo de labor. Yo sé que muchos de nosotros, los padres, hemos tomado la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos y esto es correcto; sin embargo, no olvidemos del poder de la iglesia local. Dios, en Su sabiduría ha puesto la familia y la iglesia para ganar a la siguiente generación para su gloria y honra.

Su entrenamiento en la escuela

Sé que la mayoría de los que van a leer este libro creen en el enseñar a sus hijos en el hogar [Así es en la Norteamérica actual; los cristianos conservadores ya enseñan a sus hijos en el hogar, no en las escuelas públicas]. Por esto, algunos pueden preguntar por qué recalco este punto. La sabiduría que veo en analizar las escuelas y a los maestros que influyeron en la vida de Arthur, se resume en: Padres que se preocupaban acerca de una educación cristiana y seleccionaban escuelas que hacían hincapié en Cristo y en el carácter cristiano. Los profesores de esas escuelas eran buenos. Esos maestros buscaban el potencial y los talentos de cada alumno y, en el proceso de enseñanza fomentaban esos puntos sobresalientes de los estudiantes. Todos nosotros somos profesores y queremos ser buenos en esto. Podemos aprender algo de los dedicados maestros que moldearon la vida y ministerio de A. T. Pierson. Fíjate en los métodos que usaban:

Estos maestros hicieron que sus alumnos leyeran el griego a la edad de doce años. Sabemos que esto no sucede sin mucha diligencia por parte del estudiante y del maestro. Arturo estudiaba este idioma y leía el texto bíblico en griego todos los días de su vida estudiantil, y después.

En aquellos días, la autoridad era en la vida de las personas un honrado principio. Los maestros guiaban a los muchachos hacia una vida feliz y próspera, bajo la autoridad. Para esto se hizo necesario el uso de la vara, a veces; pero, en aquella época tal disciplina se aconsejaba para forjar un buen orden. Arthur pronto encontró la bendición en esto y agradecía a otros, a fin de bendecir y someterse a sus profesores y al director de la escuela. Posteriormente, durante muchos años, esto les trajo grandes bendiciones a Arthur y a sus congregaciones. Él era una autoridad mansa y benigna, guiando a través del ejemplo en vez del dominar.

Los maestros ocupaban la técnica de memorizar y recitar para entrenar a los estudiantes en la pronunciación de un discurso. A cada estudiante se le dio una porción de las Escrituras o un poema para memorizar. Luego, tenían que recitarlo con claridad.

Se corregía al estudiante mientras recitaba, hasta que lo pronunciaba bien, con palabras claras y firmes. El joven estudiante también se ejercitó a través de oportunidades de hablar públicamente. Sabemos cuales fueron los resultados de todo esto, ¿no? Se desarrollaban así a los alumnos en estas áreas. Arthur era un maestro muy eficaz a la temprana edad de trece años. Pongamos a nuestros jóvenes oportunidades para hablar públicamente y en el futuro no tendrán temor de hacerlo.

A los alumnos se les enseñaba a expresarse, escribiendo. Leyendo la historia de las diferentes escuelas a las que asistía Arthur, se nota que cada una hizo hincapié en esto. Arthur escribía poemas, escritos para el diario de la escuela y breves sermones a sus 9 ó 10 años. Claro, les faltaba profundidad, pero lo importante es que se desarrollaban sus dones. Muchas escuelas en el hogar faltan en desarrollar tales dones. A causa de nuestra propia inseguridad, hacemos poco por desarrollar los dones de nuestros hijos.

Su carácter

Una sencilla definición de carácter es ‘fuerza moral o ética’. Tal definición describe bien a Arthur, porque tenía un firme cimiento de principios morales en su vida. Sé que mucho de esto provino del cuidado que recibió en el hogar. No hay mucho escrito acerca de este buen cuidado hogareño, pero es claro que se dio, evidenciado por los frutos de su juventud. Arthur mostraba muchas señales morales fijadas a sus 8 ó 9 años. Proverbios correctamente dice: «Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta.» (Proverbios 20:11) ¿Qué podemos aprender de su carácter?

Como un niño pequeño, uno de sus pasatiempos favoritos era predicar en un cuarto con sillas vacías o a sus hermanas.
A la edad de siete años, se hizo miembro de la Asamblea Misionera de Menores. Él era muy activo en buscar fondos y en hablar en las reuniones.

Desarrolló buenos hábitos de estudio, los cuales se quedaron con él todos los días de su ministerio. Es claro este punto, al saber del hecho que podía leer griego a sus doce años.

A la edad de trece años, se fue de su hogar para continuar su educación. ¿Puedo confiar en mi propio hijo, tanto que pueda salir del hogar para estar con otros jóvenes, a la edad de trece años? En esa escuela se convirtió a Cristo y así tuvo muchas oportunidades para mantenerse firme para el Señor. Sabemos cómo son los jóvenes en tales situaciones. Fue tentado a veces, pero nunca se volvió al mal.

Después de convertirse, pronto se hizo miembro de una Sociedad Metodista para crecer y tener responsabilidad. Esto proveyó ocasiones para compartir y ministrar.

Regularmente tenía tiempos de quietud cada mañana en la escuela. Él reforzaba su fe, leyendo la Biblia y orando. Y pronto aprendió cómo mantener una conciencia limpia.

Escogió buenos y sólidos libros para leer, de los que tenían buen alimento basados en la Palabra. Imagínate a tu hijo leyendo Persuasiones a la Temprana Piedad por Pike, o El Descanso de los Santos por Baxter, a la edad de catorce años.

Estos son unos pocos ejemplos del carácter de su juventud, el cual creció y maduró, y luego bendijo a la iglesia durante su ministerio. Llegó a ser conocido por su alta moralidad, su habilidad para escribir y su sinceridad en sus propósitos. ¿De dónde provinieron estas cualidades?

Como autor, él fue un ejemplo para muchos de nosotros, en la búsqueda y en el tener material original honesto. ¿Dónde empezó esto? Como predicador, fue elocuente y descriptivo en sus palabras. ¿De dónde provino esto? ¿Llegó todo a él sólo del Espíritu Santo? Se ve que fue preparado y desarrollado en su juventud. Dios, a través del Espíritu Santo, obró por muchos instrumentos humanos para formar esta vasija. Luego, Dios tomó la vasija, la llenó con su prevaleciente poder y la usó como una vasija de honra.

Necesitamos renovar nuestra visión continuamente. Es fácil hundirse en los quehaceres diarios, olvidando entrenar a nuestros hijos, perdiendo de vista el gran propósito. Animémonos con el ejemplo dado por A. T. Pierson en el rumbo hacia la meta.

La vida familiar de Amy Carmichael



D. Kenaston

Los padres de Amy 1

Guillermo y Catalina se casaron alrededor del año 1865. Los dos tenían el privilegio de ser hijos de hogares piadosos. El fuego del avivamiento en 1859 trajo alientos nuevos del Espíritu Santo a las vidas de ellos. Uno nunca puede ser el mismo después de estar en medio de una visitación del Espíritu Santo. Cuando Dios se manifiesta y se escucha su voz claramente, son como los días en los cielos, estando en la tierra.

Miles de almas entraron en el reino de Dios, y los padres de Amy estaban en medio de todo esto. El fuego del avivamiento también trajo vida nueva y libertad a las reuniones formales de la Iglesia Presbiteriana de Irlanda. Igualmente, el nuevo predicador estaba en medio del avivamiento. Todas estas circunstancias fueron ordenadas por Dios, obrando juntos para proveer muchas corrientes de aguas, para que la joven Amy creciera bien en medio de ellos.

La familia de Guillermo, y también la de Catalina, se pueden caracterizar por sus generaciones pasadas. Se encuentran señales de piedad y consagración en ambos linajes. Guillermo fue conocido por todos en su pueblecito de Millisle por su honestidad, integridad, misericordia, y su corazón dispuesto a compartir. Quizás es difícil imaginarse que una familia se quedara en un mismo lugar por cien años, pero así fue con los Carmichael. El papá de Amy fue un molinero – moliendo trigo u otros granos, elaborando harina como hicieron sus antepasados durante cien años.

Había un cimiento piadoso bajo ambos linajes de los padres de Amy. Fueron a las reuniones los domingos, guardaban como santo el día del Señor, y otros principios fueron guardados igualmente. Y luego vino el avivamiento. Todos y todo estuvieron levantados en nuevas alturas de amor y dedicación. ¡Gloria a Dios por estos tiempos vivificantes y refrescantes de la presencia de Dios! Aunque era pequeño el pueblecito, y se puede decir que la iglesia fue muy insignificante, habían reuniones semanales que animaban más el alma hacia Dios a causa del avivamiento: clases bíblicas entre semana, reuniones evangelísticas los domingos por la tarde, y la reunión de todos los domingos por la mañana se llenaban de vida; y pocos faltaban de asistentes.

El poder de la sana enseñanza

El papá de Amy fue un hombre de La Palabra. Cada día toda la familia era llamada a un tiempo de adoración a través del repique de una campana. Guillermo se sentaba con una Biblia abierta en sus manos, leyéndola y explicándola. Estos ejercicios son los que moldean la mente y el corazón de un niño. Cuando están pequeños, sus mentes están claras y abiertas; y el memorizar ocurre casi inconsciente para ellos. El Catecismo Corto se usó con consistencia en el hogar, pues Guillermo procuraba que la familia estuviera sana en cuanto a las doctrinas de su iglesia. Al estudiar a estos santos del pasado, me conmueve una y otra vez cómo el papá entendió bien su responsabilidad de guiar a su familia con la Palabra. Hoy en día, temo que hayamos dado este trabajo al predicador; y esto se da solamente una o dos veces a la semana.

Al padre de Amy también le gustaban los sermones escritos de Charles Spurgeon. En aquel tiempo, se publicaban cada semana. Guillermo llevaba a su familia de paseo los domingos por las tardes, los sentaba bajo un árbol frondoso, y les leía el último sermón.

El poder de la firme disciplina

Nadie tuvo que interpretar lo que quería el papá, ni dónde estaban las límites en el hogar de los Carmichael. Lo blanco era blanco; lo negro era negro. Hubo pocos tiempos con áreas grises. Muchos hoy sienten que esto es demasiado estricto y que puede ser contraproducente. Sin embargo, vemos que esto trajo una sensación de amor y seguridad en la vida de este hogar.

Lo que decía el padre o la madre siempre era respaldado con castigo si se desobedecía. Se usaban cinco formas de correcciones, según la gravedad de la falta.

– Pararse en la esquina del cuarto, ante la pared.
– Perder el privilegio de ir afuera y jugar.
– Recibir castigo con la vara.
– Recibir pequeños golpes en la mano con una regla de madera.
– Beber algo con sabor desagradable.

En todas estas correcciones, se enseñó al niño a recibir el castigo con respeto, y dar gracias por él después. Al estudiar esta área de la enseñanza a los niños, parece que Catalina se dio a la tarea de corregir a los niños también. El papá se iba al molino cada mañana y no regresaba hasta la noche.

El poder del amor de una madre

Siempre nos da gozo el ver un hogar bien balanceado, en el cual el padre y la madre se ocupan en criar a los hijos. El hogar de los Carmichael fue así. Esta madre irlandesa tuvo un corazón ocupado en criar una simiente piadosa para el Señor. Llena de amor tierno y firmeza es la mejor manera de describirla. No dejó de hacer lo correcto en sus hijos. Si necesitaban castigos con la vara, se los dio inmediatamente; si necesitaban beber la bebida de sabor desagradable, les hizo tomarlo. Me gusta esta firmeza. Se necesitan madres así hoy. Está bien que para estar firme sea preciso tener una cara cejijunta a veces. Eso establecerá su autoridad.

Por otra parte, esta madre irlandesa fue una madre tierna y amante. Se sentó con los niños y les explicó cosas difíciles cuando ellos eran pequeños. Les cantaba todo el día, poniéndoles canciones en su memorias que quedaron en ellos toda la vida.

Catalina inspiró a Amy a orar con fe a sus tres años de edad, pidiéndole a Dios que cambiara el color de sus ojos café. Esta mamá amada sentaba muchas veces a sus niños en sus rodillas, diciéndoles y mostrándoles que Jesús les amaba. ¡Oh, las impresiones de la niñez, puestas por el amor de la madre! Es difícil medir este tipo de influencia.

El poder de la escuela en el hogar

La historia no nos dice por qué había que enseñar a los niños en el hogar. Parece que era muy común en aquellos días.

Aunque no vemos el porqué, muy claramente brillan los buenos resultados de esto en la vida de Amy. Fue enseñada por su madre y una colaboradora; una joven que se quedaba en el hogar para enseñar a los niños. Una de estas profesoras impresionó profundamente a los niños. Se llamaba Elenora Milne. Fue como una hermana mayor en el hogar, y todos la amaban. Era una joven muy espiritual, llenó a los niños con muchas historias de misioneros y mártires. Los niños prestaron mucha atención mientras ella contaba de la India y las muchas necesidades en aquel país. La poesía, la historia, y la geografía se vivificaron en los niños mientras escuchaban a esta profesora, andando con ellos a la orilla del mar.

El papá y la mamá participaron mucho de la escuela en el hogar. Guillermo anduvo con los niños por «paseos de descubrimiento», en que los niños aprendieron de la naturaleza y la ciencia. ¡Cuánto esperaban los niños tales tiempos! Se compraron libros; todos los que pudieran (por supuesto, solamente de buen contenido) en aquellos días. Los niños leyeron, y también otros les leyeron a ellos. Se compraron juguetes; los que fueron una ayuda práctica para los niños. Los juguetes más estimados para Amy fueron los de la creación de Dios – animales para criar y cuidar. El papá les compró un microscopio para poder ver más de la creación y el orden alrededor. Los padres trataban de llenar a los niños con todo lo que era bueno, hermoso, y recto. A la vez, trataban de cuidarles de todo lo que no era bueno, hermoso, o recto.

El poder de los ejercicios piadosos

Al estudiar las historias de cómo Dios moldea a Sus siervos, aun antes de ser convertidos, estoy maravillado de Su providencia. Fijémonos en unas de ellas.

– Amy fue destinada a cumplir un llamamiento de servir a los pobres en la India. Su mamá no sabía nada de esto. Sin embargo, Dios moldeaba a Amy por medio de las manos de su madre; sin saberlo ella. Amy tenía recuerdos de cuando era joven, de la costumbre de regalar comida a los pobres. Su mamá cocinaba sopa para los ancianos y los pobres. Amy y su hermano tuvieron la oportunidad de llevar esta sopa al pueblecito y regalarla a los necesitados. ¿Sería coincidencia que en el futuro Amy serviría así en la India? ¡No creo!

– Amy fue la mayor de siete hijos. Por esto, tuvo que cuidar a sus hermanos menores cuando se enfermaban. En ella se desarrollaron habilidades de cuidar y consolar con mansedumbre. Tan buena era ella que muchas veces los enfermos pedían que ella les cuidara en sus enfermedades. A sus 17 años, su querido papá falleció inesperadamente después de unas pérdidas financieras. La familia estuvo en la pobreza, y Amy llegó a ser como una segunda madre para los menores. ¿Otra coincidencia? No creo. Dios moldeaba una vasija. Hay que ayudar a nuestros hijos a ver como Dios ve.

– A sus 12 años, su papá se mudó a Belfast, Irlanda, para negociar. Él fue un hombre muy piadoso e influyente. Muchos predicadores y líderes de iglesias visitaban su hogar. ¿Quién se sentó y escuchó a estos hombres charlar de doctrinas, de almas, de los hechos de los misioneros, y de edificar el reino de Dios?

– A sus 17 años, empezó Amy a juntar a los niños de la ciudad los domingos por las tardes para enseñarles de la Biblia. Su corazón se extendió hacia los pobres. Empezó a formar una asociación que se llamó «La Antorcha de la Mañana». Todos los que quisieron ser parte de ésta tuvieron que estar dispuestos a levantarse temprano cada día para estudiar la Biblia y orar. Luego, los sábados se reunían y compartían lo que habían aprendido, o confesaban sus faltas de la semana. También empezó una clase semanal para las niñas trabajadoras de la ciudad. Éstas eran trabajadoras jóvenes de las fábricas. El alma de Amy estuvo cargada en cuanto a la pureza y las almas de estas jóvenes, y trabajó para salvarles de la ruina y la destrucción. La clase creció hasta incluir 500 niñas.

¿Qué nos dice todo esto a nosotros? Dios usó todo esto para hacer de Amy una sierva especial. Amy no lo sabía en el principio. Tampoco sus padres lo entendieron. Lo que quiero notar es sencillo. Todavía Dios sigue moldeando a sus siervos de la misma manera. Ahora mismo tenemos algunos de estos siervos en nuestros hogares, bajo nuestra custodia.

Estemos atentos, y no demasiado preocupados, cuando vengan las oportunidades para enseñar a nuestros hijos sobre las experiencias de la vida. Algunos se preocupan demasiado por los jóvenes que sirven en las ciudades donde viven los pecadores. Estas escenas lamentables y miserables fueron las cosas que pusieron carga en el corazón de Amy por las almas perdidas. ¿Qué habría pasado si nunca hubiera visto estas horribles escenas?

Una vida como la de Jesús

¿Cuál fue el resultado de estos refrescantes ríos de avivamiento que fluyeron en medio del hogar donde crecía Amy? ¿Qué tipo de sauce creció en el hogar de los Carmichael? ¡Uno hermoso! De hecho fue un «árbol plantado junto a corrientes de aguas que da su fruto en tiempo, y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará» (Sal. 1:3). Amy sirvió a su amado Jesús en Irlanda hasta sus 27 años. Luego fue a Japón durante 4 años, sirviendo como misionera y aprendiendo en la escuela de Cristo. A sus 31 años fue a la India, donde empezó la obra más conocida de su vida. Nunca volvió a Irlanda. Murió en la India a los 84 años.

¿Cómo podemos medir sus frutos? Una casa de huérfanos para las niñas prostituidas en los templos paganos. También iglesias, predicadores jóvenes, una vida escondida de oración durante los últimos 20 años de su vida (en ese tiempo padeció una enfermedad que le impedía hacer mucho trabajo material), y los libros escritos por ella (hay varios). Muchos siguen bebiendo de los ríos de agua viva que fluyeron de su vida.

Padres amados, ahora nos toca criar vasijas para el Señor. Estemos sedientos de esta agua de vida, y que estemos igualmente llenos hasta rebosar. Paguemos el precio para dejar fluir estas aguas en medio de nuestros hogares. Confiemos a Dios por los árboles plantados juntos a las corrientes de aguas.


1 Amy Carmichael (1867-1951) fue una misionera irlandesa en Japón y la India, donde desarrolló un ministerio entre las niñas consagradas a los dioses paganos, durante 56 años. Sus últimos 20 años los pasó inválida, lo que le permitió escribir alrededor de 40 libros.

viernes, 18 de febrero de 2011

La vida familiar de los Booth

D. Kenaston

La sabiduría es justificada por sus hijos

Estas palabras salieron de la boca del Señor Jesús en Mt. 11:19, en referencia al ministerio de Juan el Bautista y de Su propio ministerio también. Habían los que hablaban mal de Él y de Juan, y Jesús dijo: «La sabiduría es justificada por sus hijos». Tenemos un refrán que dice: «La prueba está en el postre», o sea, el resultado manifiesta los ingredientes. Este principio se mostró evidentemente en el hogar de los Booth.

A William y Catherine Booth, Dios les dio ocho hijos, y todos ellos se entregaron al servicio del Señor.1 Amaron a Dios y consagraron sus vidas al sacrificado servicio en el Ejército de Salvación y en otras organizaciones similares, en Francia, India, Suiza, EE.UU. y en otros lugares. Trabajaban como autores, organizadores, administradores, maestros, predicadores y padres piadosos, todos los días. De los ocho hijos, les nacieron 45 nietos. Todos estos también escogieron servir al Dios de sus abuelos. Muchos de los nietos también entraron en el Ejército de Salvación, consagrando sus vidas para alcanzar a los abatidos y despreciados a través del evangelio. Luego, sin sorpresa, se nota que muchos de los bisnietos se rindieron a Dios, y siguen hasta hoy en día sirviéndole. En el año 1960, ‘el Ejército’ había crecido hasta el punto de tener cuatro millones de miembros, trabajando en 86 países, en más de cien lenguas.

Empiece mientras están chiquitos

En el hogar de los Booth, la enseñanza y el entrenamiento empezó a una edad muy temprana. Los primeros cuatro o cinco años fueron los más importantes. Los padres invirtieron más tiempo en ellos durante esta etapa.

«¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina? ¿A los destetados? ¿A los arrancados de los pechos?» (Is. 28:9). [Nótese que la versión King James del inglés no tiene las últimas frases como preguntas, sino como las respuestas de las dos primeras preguntas de este versículo]. Cumpliendo este verso, los hijos de los Booth recibieron versos e historias bíblicas, sentados a la rodilla de uno de los padres. Las verdades bíblicas fueron explicadas y las historias fueron expuestas de manera más sencilla para que los niños las entendieran. «Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá» (Is. 28:10). Los Booth (padres), se entristecieron mucho al ver en esa época la falta de entendimiento en el pueblo de Dios. La misma falta se manifiesta hoy. La mayoría de los padres entienden poco acerca de las santas impresiones que pueden recibir los niños en sus primeros años de vida. Catherine escribió a su esposo lo siguiente: «Yo creo en el entrenar a los hijos desde sus primeros años, para que lleguen a ser cristianos». Nótese que ella no creyó que tal enseñanza les salvaría, sino que necesitaban además un nuevo nacimiento. Pero la enseñanza y el entrenamiento pusieron un cimiento.

Una dedicación específica

William creyó que cada hijo que nos es dado le pertenece a Dios; y por eso, cada uno de los suyos recibió un gran aprecio de parte de él. Con tanta valoración, consecuentemente vinieron altas responsabilidades. Los padres consagraron a los hijos, a cada uno individualmente, en términos bien definidos. Hicieron votos a Dios – votos de criar, guardar, disciplinar y amar a cada hijo, hasta que éste escogiera personalmente rendirse al Salvador. Me gusta tal dedicación, y mi esposa y yo hemos dedicado a nuestros hijos al Señor, a cada uno desde su nacimiento, con similares votos.

El Ejército de Salvación hacía un servicio de dedicación por cada hijo nacido a una pareja salvacionista. No practicaban el bautismo infantil, sino que de este modo se les encargó a los padres a criar bien al hijo. Yo creo que los padres actuales deben dedicar así a cada uno de sus hijos, pero, tristemente, pocos tienen tal visión. ¡Cuántos padres están faltos de una consagración para llevar a cabo una fiel crianza en sus hijos! A continuación se enuncian los votos de compromiso leídos en un servicio dedicatorio del Ejército.

* Hago voto de consagrar a mi hijo a Dios durante todos los días de mi vida.

* Hago voto de entrenar, criar y fortalecer a mi hijo en los caminos de Cristo.

* Hago voto de criar a mi hijo para ser un siervo del Dios Viviente.

* Hago voto de guardar a mi hijo de bebidas alcohólicas, tabaco, comodidades y vestidos lujosos, riquezas, material de lectura dañina, amigos peligrosos y cualquier otra cosa que le impida ser un soldado de Cristo.

* Hago voto de permitir a Dios enviar a mi hijo a cualquier lugar que se le necesite, y estoy de acuerdo que mi hijo sea despreciado, odiado, maldecido, golpeado, encarcelado o matado por amor a Cristo.

Y, todos los hijos mayores, de igual modo que los padres, hacían voto de cumplir con su parte para ayudar al bebé, recién nacido, a alcanzar estas metas.

¿Puedes ver la meta presentada en estas promesas? Quizás has reaccionado negativamente en contra de esta clase de dedicación, pero no debemos criticarla cuando estamos realmente muy lejos de tales metas en nuestros propios hogares. Traigamos a nuestros hijos a Jesús, rindiéndoselos. Luego criémoslos para Su eterno propósito.

La obediencia y la disciplina

Catherine explicó muy claramente el equilibrio entre estos dos aspectos, diciendo: «Tenemos que hacer guerra contra la voluntad egoísta del niño, y vencerla». Parece que ella había leído las palabras de Susana Wesley (madre de John y Charles), quien dijo palabras semejantes en cuanto a la voluntad de un niño.

William escribió un libro acerca de la crianza de niños en el año 1884. El título es: Cómo criar hijos para ser santos y soldados de Jesucristo. Al escribirlo, tenía 52 años. Todos sus hijos estaban bien fundados en la fe, ocupándose en la viña del Señor. Por esto tenía el merecido derecho de escribir sobre el tema. Vale la pena leer minuciosamente todo el libro. La sección sobre la obediencia y la disciplina se lee como el libro de Proverbios. «Castiga a tus hijos», dice William, «no de venganza, sino para el provecho de ellos».

La escuela en el hogar

William y Catherine estaban alarmados en cuanto a la mala condición de las escuelas, tanto públicas como privadas de ese tiempo. Las ciudades se llenaban de gente, y por esto se empeoraban las condiciones sociales rápidamente. Por la misma razón, la mamá de Catalina educó a su hija en casa. «El que se junta con necios será quebrantado» (Pr. 13:20), dice la Biblia, y las escuelas estaban hartas de tales niños. Pero los Booth les enseñaron a sus hijos en el hogar, no sólo por razón de la mala calidad de las escuelas, sino que también por el deseo de ganarlos para Dios. En su libro, William animó a todos los padres a que les enseñasen a sus hijos en el hogar. Para Catherine, esa tarea no era fácil y a veces necesitó ayudantes para cumplirla. La ayuda en el hogar era necesaria, pues Catherine ayudaba en el Ejército de Salvación. Ayudaba tanto, que le llamaban ‘la madre del Ejército de Salvación’. William hizo su parte en la enseñanza, charlando con los niños sobre temas educativos durante las comidas. También había charlas acerca de las situaciones políticas, sobre la obra misionera y sobre otros temas comunes.

La obra de Dios

Uno de los secretos que aseguró a los Booth ganar a sus hijos para Cristo, fue el ayudarlos a entrar en la obra del Señor. La salvación de almas y la edificación del Reino de Dios fueron el centro de la vida y las actividades hogareñas de los Booth.

¿Puedes imaginarte cómo era vivir en un hogar donde algo divino acontecía siempre? Los hijos crecían fascinados, escuchando siempre noticias de los avances de la obra de Dios. Esto incentivó a cada uno, desde su niñez, a tener un gran deseo por entrar en la obra del Señor. Pero, para los niños Booth, no bastaba escuchar las historias; tan pronto podían, iban con sus padres a las campañas, viendo las proezas del Ejército. Fueron guiados a entrar a la obra, con el cuidado de los padres, en niveles que podían manejar bien. Y sabemos los resultados de esto. Los niños se encendieron, y nada menos que el entrar a ‘la guerra de la salvación’ podía darles tal satisfacción. Para ser honestos, los Booth estuvieron demasiado ocupados en sus trabajos ministeriales, y debieron invertir más tiempo junto con sus hijos, en el hogar. Sin embargo, por haber entrado en la obra juntamente con los hijos, pudieron vencer esa falta.

La bendita pobreza

Leyendo los archivos del Ejército de Salvación, se hace patente que las riquezas se vieron como una peligrosísima amenaza. Y, durante sus primeros años, esa organización y la familia Booth vivieron en la pobreza. Los hijos Booth crecieron así, conociendo bien la escasez. William y Catherine vivían ‘por fe’, confiando que el Señor supliría las necesidades de la familia y de la organización. Durante esos primeros años, muchos miraron a los bulliciosos y valientes soldados del Ejército con ojos fariseos.

Como recibían pocas donaciones, toda la familia tuvo que disciplinarse y practicar la abnegación diariamente. Asimismo, la ropa la necesitaron conservar por más tiempo; las hijas tuvieron que aprender a coser sus propios vestidos y los hijos tuvieron que aprender a cultivar huertos y cuidar animales. Las comidas eran saludables, pero sencillas. El pudín de arroz fue algo especial en ese hogar; no había dinero para cosas como chocolates y sodas.

Pero todo esto no se vio como una carga, más bien fue contado como una oportunidad de practicar la abnegación. Estudiando acerca de los diferentes hogares que hemos analizado, he notado que muchos han aprovechado de la experiencia de la pobreza, formando un buen carácter en esas experiencias. Los cristianos actuales, viviendo en una época de prosperidad, tenemos un gran peligro alrededor – las riquezas. Es muy fácil arruinar toda una generación de soldados de Cristo, por acostumbrarnos a los hábitos y necesidades de nuestra sociedad.

El ambiente prevaleciente

¿Qué pasa en el ambiente silencioso de un hogar, donde los padres aman a Dios de todo corazón, con toda su alma y toda su mente?

¿Cuáles son los misteriosos resultados de una pareja que camina con Dios, viviendo bajo la unción del Espíritu en cada momento? Sabemos las respuestas a estas preguntas. Se dijo acerca de William que su entusiasmo era contagioso, y de Catherine que su personalidad era como un imán, atrayendo a los niños a su corazón. El hogar rebosaba de gozo. William cantaba todo el día mientras cumplía sus quehaceres. Un ambiente de amor prevaleció en el hogar Booth, haciendo de esta manera cumplir las partes más difíciles del entrenamiento de los niños, más tranquilamente.

Lo mismo de necesario es una santa fragancia tan importante en el hogar cristiano. Hay muchos «haz esto» y «no hagas esto» en el entrenamiento de niños piadosos. Si el dulce espíritu de amor se pierde, las reglas pueden traer resultados negativos. El amor de un padre para Dios y para los hijos, son como gotitas de misericordia que caen todo el día sobre el hogar. No conozco otro camino que permita a Dios construir activamente un hogar bendecido. Amados padres y madres, estemos llenos continuamente del Espíritu Santo en nuestros hogares.

Diversiones familiares

A primera vista, el hogar Booth puede parecer como un hogar demasiado estricto y cargado de pesadas demandas para los hijos. Pero no era el caso. La vida hogareña era bonita, llena de gozo y a cada diferente aspecto se le llenaba de encanto lo más posible. William y Catherine gozaron de un saludable y feliz punto de vista con respecto a la vida. Admiraban la creación, al ver los animales. En cada diferente casa donde vivieron (fueron muchas, puesto que William trabajó como ministro en varios lugares), había un cuarto de juegos para los niños. Allí pudieron los niños retozar y juguetear hasta que se quedaban contentos y exhaustos. Los padres se sacrificaban para poder comprar juguetes, usándolos como herramientas de enseñanzas. Los niños imitaban a su padre en el cuarto de juegos, como cuando él hacía cultos al aire libre. A veces se celebraba una ‘fiesta familiar’ (únicamente la familia, nadie más), los viernes por las noches, con jugos, frutas, juegos… ¡y sonrisas! De igual modo, había ‘días familiares’, en los cuales toda la familia se iba en el carruaje, con una Biblia, himnario, juguetes y comida campestre, compartiendo felizmente todo un día en el campo. Se dice de William, que ese día se comportaba como un niño, sonriendo y cantando alegremente, mientras salía de la ciudad rumbo al bosque, junto con su familia. Para mí, esto es hermoso. ‘El General’ del Ejército de Salvación era muy serio cuando estaba en su trabajo, pero al llegar a su hogar era como un amigo y compañero a sus hijos. Hay que notar que esas diversiones familiares no tenían nada de mundano o de carnal.

El poder del amor en un matrimonio

Este es uno de los más importante aspectos del hogar de los Booth, y da más influencia de lo que la mayoría de la gente pueda imaginarse. Esta pareja se amaba el uno al otro profunda, perdida, y a veces, fanáticamente. Ese amor empezó con el buen cimiento de un noviazgo piadoso. El mismo duró largo tiempo, a razón de la pobreza del novio, causándole muchas luchas interiores. Se sentía indigno de casarse. Durante su noviazgo, no pudieron visitarse mucho, pues William tenía muchos compromisos de predicar en un lugar u otro. Pero estas separaciones hicieron que su amor se profundizara más. Con tal cimiento, el amor siguió madurando después de la boda. Era muy patente a todos que William y Catherine se amaban y respetaban.

Los resultados de esta maravillosa unidad sobre las siguientes generaciones solamente se pueden medir en la eternidad. Lo opuesto es verdad también: nada es más dañino a la siguiente generación, que un matrimonio enfermo.

Cuando hay amor en el hogar, brota la seguridad y la confianza en los niños. Cuando hay amor en el hogar, la obediencia se hace más fácil para el hijo. Malaquías 2:15 dice, «Y ¿porque [los hizo Dios] uno? Porque buscaba una descendencia para Dios». Si nuestros matrimonios están enfermos, sanémoslos, no importa el costo.

El hogar de los Booth era muy especial. Oro a Dios para que Él levante otros como estos hoy mismo, hasta que se considere normal y no especial el tener tal vida hogareña.

William y Catherine llevaron una gran carga, anhelando que se levantasen muchos hogares cristianos. Todo su ministerio y vida estuvo motivada por la misma carga. Era algo fundamental en sus corazones y lo enseñaron a sus hijos, quienes, luego se levantaron y lo enseñaron a los suyos; para que la otra generación pudiese conocer las grandes obras de Dios. Hermanos, hagamos así también. Que Dios nos dé «una casa encendida».


 
William Booth (1829-1912) fue el fundador y primer presidente del Ejército de Salvación.

lunes, 31 de enero de 2011

La vida familiar de John y Charles Wesley

Durante las primeras décadas del siglo XVIII, Inglaterra estaba muy abatida espiritualmente. De hecho, estaba en uno de sus épocas más bajas. Pecado del tipo más feo abundaba en cada nivel de la sociedad, y parecía que no había esperanza que la Iglesia pudiera despertar y detener su descenso hacia la iniquidad. Sin embargo, igual como Dios proveyó a Ana en los días de Israel, así hubo una «señora elegida» en Epworth, Inglaterra, llamada Susana Wesley, quien se preocupó por sus hijos. Sin saberlo ella, Dios le guió a criar a un profeta y a un salmista, los que juntos despertarían a la nación, y además, al mundo entero.

Eso sucedió hace trescientos años y todavía sus voces se oyen en el cristianismo del siglo XXI. ¿Qué predicador no ha usado un dicho o un ejemplo de la vida de John Wesley? ¿Qué asamblea de cristianos no ha cantado uno de los himnos de Charles? El impacto de las vidas de estos dos hombres es inconmensurable. Es claro que Dios en su previo conocimiento iba guiando y velando sobre el entrenamiento de ellos. En este estudio se quiere indagar sobre la vida hogareña de Samuel y Susana Wesley, padres de John y Charles.

Estudiando las genealogías de las dos ascendencias, de John y Charles, encontramos un carácter noble en las dos. Ambos linajes tuvieron personas que trabajaron en la obra de Dios, en la Inglaterra de aquellos tiempos. Y cada generación siguiente fue impactada por esto. Las controversias acerca de las prácticas de la «alta» iglesia, la no-conformidad y el estado espantoso de la iglesia en general fueron candentes. En el comedor tuvieron extensas charlas acerca de esos temas. Al morir, el abuelo de Samuel estaba muy triste a causa de las persecuciones que él y otras personas de su familia habían sufrido. Un tío de Samuel, llamado John, fue cazado como un zorro, fue echado a la cárcel varias veces y al fin murió de una enfermedad que las mismas persecuciones le provocaron— a los 34 años de edad. Se dijo que John, el hijo de Samuel, fue imagen de John, el tío de su padre, por su fogoso celo y energía.

En el linaje del lado de la madre, encontramos el mismo caso. El padre de Susana, el Sr. Annesley, fue muy conocido como predicador puritano. Sirvió en varias iglesias anglicanas hasta que las controversias acerca de la no-conformidad se levantaron. Luego, se retiró de la iglesia-estado y se hizo puritano. Esto le costó mucho y tuvo que luchar constantemente durante sus 30 años siguientes. Muchos consideraron a este hombre igual al apóstol Pablo, y su forma de vida muestra claramente que era un puritano de mucha influencia. Por todo esto, los padres de John y Charles heredaron una gran carga acerca del avivamiento. La misma carga fue heredada a los hijos. Y, una vez entendido que Dios quería un avivamiento y una reforma en la iglesia, John y Charles se pusieron a la obra de todo corazón.

El padre de John y Charles

Samuel Wesley fue predicador en el pueblecito de Epworth, en la iglesia anglicana. Anteriormente había vivido en diferentes lugares; pero, en Epworth fue donde John y Charles se criaron. Samuel fue un hombre de disciplina y celo, regularmente estuvo bien firme en sus propias opiniones. Esta situación le provocó persecuciones y problemas que bien pudieron ser evitados, si se hubiera conducido con humildad. Con todo, las persecuciones que sufrió la familia prepararon a los hijos para las mismas, pues las habrían de sufrir en el futuro. Y el ejemplo paciente de su padre en los sufrimientos fortaleció a los hijos también.

Un rasgo que él y su esposa tenían en común fue la tenacidad en cuanto a no echar por tierra sus convicciones; y parece ser que los hijos heredaron lo mismo. Los dos valoraron el orden en su forma de vida; y así mismo fueron conocidos los hijos, por sus vidas ordenadas. Estudiando el hogar de los Wesley, se nota que la tenacidad de los padres a veces les causó problemas, pues cualquier pareja dogmática que viva junta tendrá diferencias entre sí. Pero, a pesar de esto, no desistiendo en nada, la madre se dio a la tarea de criar a sus hijos y a manejar la casa de Samuel.

Samuel fue autor y pastor, y a causa de las frecuentes visitas que hacía, estuvo muy ocupado. Siendo de naturaleza compasiva, se dio a conocer por sus numerosas visitas a las cárceles. Pagó los costos de su educación universitaria, viviendo felizmente en la pobreza a razón de esto.

También fue poeta; escribió poesía y prosa en el transcurso de su vida. Ninguna de sus obras perduró, pero algunos de sus hijos recibieron el mismo don; y Charles sobresalió en éste, escribiendo miles de canciones. Sin duda, el talento de Charles fue inspirado al ver a su papá trabajando hora tras hora en sus propias obras. ¡Oh, la sabiduría de Dios es inescrutable!

Parece ser que Samuel tuvo sueños y visiones que quería llevar a cabo, pero no pudo realizarlos. Concibió el plan de mandar misioneros a China, India y a todos los territorios británicos, ofreciendo que él y su familia se irían para guiar la obra.

Quizás debe considerarse a Samuel como un profeta en cierto sentido. En sus últimos días profetizó acerca del surgimiento de un avivamiento, diciéndoles a sus hijos: «Ustedes lo verán, pero yo no».

Para concluir, debo añadir lo siguiente: Samuel no era un padre de primera clase. Sin embargo, su hogar fue conocido por doquier como uno de los más piadosos de su tiempo. Sin duda que él ayudó a tal reputación.

La madre de John y Charles

Susana se crió en un ambiente piadoso. Su papá, por ser muy usado por Dios, les trajo muchas bendiciones a sus hijos. Según los registros, el hogar Annesley tuvo 22 hijos. Los tiempos fueron serios, y Susana maduró temprano, escuchando conversaciones sobre asuntos espirituales.

Fue una apasionada estudiante, y aprendió griego, latín y francés cuando aún era joven. Sus libros de estudio fueron la Biblia, la teología y los escritos de la iglesia primitiva. A causa de los tempestuosos tiempos en que creció, luchaba en sí misma con profundos asuntos espirituales, mientras que muchas de sus compañeras jugaban con muñecas. Sin duda, Susana fue una muchacha distinguida – devota, pensativa y llena de virtudes cristianas. Muchos historiadores la llaman ‘la madre del metodismo’ debido a sus definidos métodos en cuanto a la crianza de los niños.

‘La balanza’ describe bien su carácter— una mezcla de benignidad, disciplina, sobriedad y gozo. Consagró una hora cada mañana y tarde para estar a solas con Dios, orando y meditando.

Como madre, le dio 18 hijos a su marido, Samuel. De ellos, ocho murieron pequeños. Es difícil imaginarse la agonía de enterrar a ocho preciosos pequeñitos.

Los métodos de Susana

Hay muchas biografías acerca del hogar de los Wesley. En su mayoría, ellas pintan la vida hogareña de Samuel y Susana como casi perfecta. Pero las biografías pueden ser incompletas, especialmente si se refieren a alguien tan conocido como John Wesley.

La prueba del hogar Wesley son los beneficios que el mundo recibió por medio de John y Charles. Resulta patente que hubo algo en su niñez que les ayudó. Todos los registros demuestran que Susana era la figura prominente en la crianza de los hijos en el hogar de los Wesley. Su educación, dones de organización y firme personalidad, junto con el hecho de que Samuel era un hombre muy ocupado en otras cosas, pusieron a Susana al frente de las cosas hogareñas. Fue una mujer que derramó su vida en la crianza de sus hijos, con un firme propósito. Veamos cómo este propósito se manifestó en métodos prácticos sobre la crianza de los hijos.

Una vida ordenada y programada

Susana razonó sobre el provecho que tiene una vida disciplinada. Por esto, poco tiempo después de nacer, cada hijo empezó un bien sistematizado programa de crianza. Había un tiempo para dormir, un tiempo para comer, un tiempo para despertar, etc. Se esforzaba para desarrollar tales hábitos en la vida y memoria de cada hijo. Se aplicó esto aun hasta para los tiempos de descanso de un bebecito. Ella dedicó tal esfuerzo en esto que el bebé se dormía a la hora deseada: sin llorar o pelear. Igualmente, se aplicó este principio al tiempo para alimentar al bebé.

Tales disciplinas fueron empleadas para poder tener más orden hasta en el tiempo ocupado en los quehaceres del hogar. Ella pensaba que era necesario que cada hijo estuviera en su lugar. Todo fue puntual: las oraciones, el desayuno, la escuela, tiempos de quietud, el descansar, el culto familiar, etc.; todo según el reloj. Claro, había tiempos cuando las providencias trastornaban todo, pero siempre volvió a su familia al orden. La estabilidad y seguridad que este principio produce en la vida y desarrollo de un niño son tremendas. Susana prosiguió estas metas sin desviarse, porque vio la sabiduría escondida y los efectos provechosos que tendrían para sus hijos.

Guió los apetitos de los hijos.

Susana sabía que si un hijo no aprendía a controlar sus apetitos, los mismos lo controlarían a él, posiblemente para el resto de su vida. Por esta razón, hizo estrictas reglas en cuanto al comer. Asimismo, entrenó a sus hijos a comer comidas que no les gustaban y a tomar bebidas de mal sabor. El tomar medicina tenía dos razones – ayudar a la salud del niño, y a enseñarles a soportar lo indeseable. No permitió comer entre los tiempos establecidos para las comidas, pues consideraba esto como mal hábito. Sí, comieron dulces, pero tales cosas como esas, consideradas lujo, fueron vigiladas cuidadosamente.

El hogar se mantuvo quieto.

Los hijos no deben controlar el ambiente de un hogar. Hay tantos quehaceres que cumplir diariamente, y para el provecho de todos, que el hogar tiene que estar calmado y quieto. Susana creyó y puso esto en práctica, entendiendo los beneficios que cada hijo ganaría si la misma cualidad se llegara a poner en práctica en ellos.

Hay un refrán que dice: «Siempre hablando, nunca aprendiendo.» A la edad de un año, los hijos de los Wesley habían aprendido a llorar quietamente. Lo mismo fue enseñado usando medidas positivas y negativas. Así, la casa no tuvo mucha bulla de un niño llorón; algunas personas dieron testimonio que era un hogar donde no se sabía si había niños en casa, a causa del ambiente calmado. De igual modo, los niños fueron enseñados a estar quietos durante las oraciones familiares, y así dar una señal de bendición al final de éstas, en vez de estar hablando.

«Hay que conquistar la voluntad del niño».

Éstas eran las palabras de Susana y están colmadas de poderosa sabiduría. Ella también dijo: «Me esfuerzo por capturar la voluntad de un hijo desde su temprana edad y trato de cuidarla hasta que el niño la entregue a Dios. Este es el único, fuerte y razonable cimiento de una educación, sin la cual, ni precepto ni ejemplo tendrá efectos.»

La voluntad del hombre es el centro de su vida religiosa. Si no la rinde a sus padres, le será mucho más difícil rendirla a Dios, y, todo entrenamiento en cuanto a la vida doméstica y a la vida espiritual será frustrado. Entonces, este principio es de suma importancia; hay que adquirirlo lo antes posible. Una relación amorosa, junto a la apropiada aplicación de la vara y la persistencia, te dará los deseados resultados en tu propio hogar.

Una escuela bien ordenada en el hogar

Así describió Susana su método sobre el educar a los hijos. Durante veinte años invirtió seis horas diarias a esta tarea santa. En sus últimos años, escribió a su hijo John sobre la intención de enseñar en el hogar, en términos bien definidos: «Hay muy pocas personas que dedicarían los mejores veinte años de su vida para salvar las almas de sus hijos.» Por medio de estas palabras y por la manera en que dirigió la escuela, podemos saber que formuló más que una mera educación académica.

Por medio de su influencia, cada hijo recibió pasión por aprender y vivir en justicia. El tiempo de la escuela empezaba y terminaba cada día con cantos, y cada hijo aprendió a leer con la Biblia como único libro de texto. A las cinco de la tarde, Susana dividía la familia en pares, un hijo que podía leer con otro que no podía. Luego, se leía el Salmo del día y un capítulo del Nuevo Testamento. Además, Susana escribió tres libros para ocuparlos en su escuela: A Manual of Natural Theory (Un manual de teoría natural), An Exposition of the Apostles’ Creed (Una explicación del credo apostólico) y An Exposition of the Ten Commandments (Una explicación de los diez mandamientos).

Cada tarde escogió a uno de sus hijos e invirtió tiempo charlando con él sobre temas espirituales. Hermanos: este es el supremo secreto del por qué del fruto de John y Charles. ¡Qué ejemplo de una madre dedicada! Se negó a sí misma de una vida social «normal» para invertirla en la crianza de sus hijos. Diez de los 18 hijos sobrevivieron hasta ser adultos, y todos ellos se entregaron al Señor. Y, al momento de sus muertes, todos estaban «en el Señor». Hay mucho que aprovechar en todo esto.

Es verdad que Susana tenía unas empleadas para ayudarla en la casa, pero recordemos que ellos vivieron antes de la invención de las comodidades modernas.

Moldear un carácter piadoso

Edificar el carácter (la fuerza moral y ética), fue una de las razones de la enseñanza en el hogar. Cada hijo necesita fe que produzca obras prácticas. Observando este hogar, se hace patente que Susana planeaba y llevaba a cabo muchas actividades que edificarían tal virtud en la vida de sus hijos.

¿Cuáles fueron las herramientas que ocupaba para realizar esto? Bueno, la respuesta es fácil. Como vivían en un pueblecito con cultivos alrededor, había muchos quehaceres. Cuidar los animales, ordeñar las vacas, sembrar las huertas y otros trabajos semejantes proveían buenas oportunidades para enseñar a los hijos sobre el carácter. La constante pobreza del hogar igualmente proveyó muchas ocasiones para entrenarlos. En cuanto a la moralidad, a los niños se les enseñó que la mentira es un vicio, y debemos cuidar nuestros compromisos. Susana enseñó a sus hijos que no recibirían castigo con la vara si confesaban sus errores a tiempo.

Se ha descrito ya la vida ordenada del hogar. Sin embargo, vale la pena mirarla otra vez en cuanto al carácter. La repetición de buenas acciones crea buenos hábitos. Así, tener tales acciones programadas en buen orden, diariamente, es de tremenda ayuda. Según el libro de Eclesiastés (capítulo 3), todo tiene su tiempo. En una vida hogareña bien ordenada, hay tiempo para que cada hijo lea la Biblia, limpie su cuarto, ordeñe la vaca, etc. Así, un niño crecerá cumpliendo tales quehaceres, sin pensar que lo mismo es anormal. ¿Ves el valor de esto?

Un ambiente de amor en el hogar

Todo lo dicho anteriormente puede parecer como algo grave y difícil, si lo miramos como un solo evento. Pero hay que considerar el lubricante que hace que toda esta maquinaría corra bien: el amor. Este amor es el amor «ágape», el amor sacrificado, y en el hogar de los Wesley el mismo prevaleció como el primer espíritu.

Susana fue una madre muy afectuosa. No era como un sargento del ejército, que demanda la obediencia sin amor. Muchas personas de su tiempo testificaron que su hogar era el más cariñoso de todos. De hecho, los niños de Susana, al ver los sacrificios de ella, casi la hacían un ídolo.

La disciplina mezclada con el amor, creó un vínculo entre la madre y los hijos que fue muy hermoso de ver. El carácter benévolo y amable, mezclado con las muchas horas que les invirtió, hizo que los corazones de los hijos estuvieran llenos de honor y respeto para ella.

Susana permitió tiempos para que los hijos pudieran jugar, sonreír y hacer bulla, como es normal para los niños. Y esto es de igual importancia en los demás puntos de un hogar, porque no se puede tener sólo la estricta disciplina, sin el amor. Tienen que fluir del uno al otro, y volverse otra vez. Esto se llama «balance».

El fruto de Susana Wesley

Según muchos historiadores, «Susana Wesley es la madre de la iglesia metodista». Empezando la búsqueda de materiales para este estudio, hallamos una y otra vez tales palabras, que parecen exageradas. Pero tras invertir muchas horas estudiando a esta mujer extraordinaria, vemos que hay abundante verdad en ellas.

¿Por qué? Porque si se estudia el movimiento metodista, se aclara que ella tuvo varias características que hicieron que el mismo movimiento tuviera una fuerza potente en Inglaterra y Norteamérica. He aquí algunas de esas características:

* Una vida personal santificada
* Una vida personal con devocionales
* Odio al pecado y a la injusticia
* Una vida ordenada
* Un avivamiento en las disciplina cristianas (oración, ayuno, etc.)

Bien se puede aumentar la lista con varios puntos más, pero estos bastan para este objetivo, que es el mismo objetivo al que hacen referencia los historiadores acerca de Susana. Observando la lista, vemos el objetivo: los puntos anotados son los mismos que Susana ocupaba en la enseñanza de sus hijos. Los primeros metodistas recibieron este nombre de parte de sus críticos, al pensar que había muchos métodos en la forma de vida de John, Charles y sus compañeros. Así fue como los llamaron metodistas, burlándose de ellos. Pero John y Charles simplemente pusieron en obra los principios que recibieron de su mamá en el hogar, y se los enseñaron a sus seguidores.

Entonces, leyendo todo esto, ¿qué piensas tú? ¿Fue Susana una madre que pasó sus días enseñando a sus hijos algo que no valdría la pena? Por supuesto, la respuesta es ‘No’. Ella fue guiada por Dios a criar una familia piadosa, en un tiempo de mucha impiedad. Dios la usó para que formara dos vasijas escogidas, preparadas para el uso del Maestro. Ella se entregó en las manos de Dios y sacrificó veinte años en el entrenar, castigar, leer, orar y amar.

Los resultados todavía se muestran por todos lados, y en muchos lugares la voz de ella y de sus hijos se escucha – aún hoy día.


D. Kenaston

La vida familiar de D. L. Moody

Dios empezó a preparar a D. L. Moody mucho antes que iniciara su ministerio público. Dios obra en tantos y variados modos para adiestrar a sus siervos, para la obra a la que les ha llamado cumplir.

Como dice la Biblia en el libro de Job: «Hace cosas grandes e incompresibles, ¿quién las entenderá?» (Job 5:9). El plan misterioso de Dios para este siervo tenía circunstancias bien difíciles. Ellas se entienden sólo al mirar retrospectivamente en los años pasados, comprendiendo que Dios preparaba a un siervo.

Una herencia Puritana

Hubo siete generaciones de los Moody (en Norteamérica) antes de la de Dwight Moody. John Moody desembarcó en el lugar que ahora se llama Connecticut en el año 1633. Impulsado por los deseos típicos de los puritanos de aquellos días, quería hacer un hogar y servir a Dios en libertad. Seguro es que hubo mejoras y desmejoras en unas u otras de las siguientes generaciones, pero encontramos piedad en la familia, aún doscientos años después de la llegada de John Moody. Para nosotros hoy en día, esto es difícil de imaginar, a causa de nuestra pequeña y limitada visión.

Los antepasados de la madre de Dwight Moody, Elisabet, fueron casi iguales a los de su padre. Llegaron a Norteamérica en 1630 y se establecieron acerca de Northfield, Massachusetts. Allí vivieron por 200 años, sirviendo a Dios en las tradiciones de los puritanos. La finca quedó en manos de esta familia durante 200 años, según su biografía. Las dos familias fueron pioneras por su característico trabajo duro en una finca recién colonizada. Además, fueron puritanos en todas las convicciones y visiones de los colonizadores de esa nueva tierra. Moody vio al pasado y miró a estos antepasados con gratitud, al ver las cualidades puestas en su propia vida por ellos.

Edwin Moody y Elisabet Holton se casaron en la sala de la casa de los Holton. Se gozaron por un matrimonio feliz y amoroso, al cual Dios dio nueve hijos. Edwin se ganó la vida del mismo trabajo que lo hicieron todos los Moody anteriores, como albañil. Construyeron casas de piedra y de ladrillo. También hicieron otras construcciones en todo el valle donde vivían. Esta feliz vida siguió por casi trece años, hasta que la providencia cambió el hogar y el rumbo de los Moody para siempre.

La escuela de la pobreza

Cuando Moody tenía cuatro años, falleció su papá inesperadamente. Hasta entonces, la familia vivía en plenitud, pero todo cambió. Este cambio de sucesos dejó a la señora de Edwin Moody como una viuda pobre, con siete hijos, y embarazada de gemelos. La familia tenía una deuda grande, sin provisiones por la inesperada muerte. Por último, solamente quedó la casa después de pagar a los acreedores.

A la primera mirada, esto parece como una grave tragedia, difícil de comprenderse; pero la providencia muchas veces parece ser así. Yo puedo imaginarme al negociante eficiente y dedicado que Moody pudo volverse. Tenía todas las capacidades para hacerse un hombre prominente en su comunidad, con bastantes bienes materiales para gozarse. Pero Dios tenía otros planes para él, para su familia y para su madre, la cual ya estaba en medio de una gran lucha. Un millón de almas estaban en peligro y, para Dios, la pena no fue demasiado grande para ganarlos.

La señora de Edwin Moody pudo ver el resultado de ese gran empeño: miles vinieron a escuchar a su hijo predicar el evangelio eficaz de Cristo. Me ha impresionado lo tocante a cuantos siervos de Dios fueron criados en la pobreza. Dios, sí, mandó a Su Hijo a un hogar humilde y pobre para su crianza y preparación. Podemos aprender mucho de esto. Muchas bendiciones salieron de la crianza de Moody en la pobreza. Quiero destacar unas de las más prominentes para instrucción nuestra.

* Desde el primer día fueron dependientes de Dios en todo. Cuando los acreedores se llevaron hasta la leña, a los Moody les quedó solamente una opción: orar y confiar en Dios, quien sabe de las necesidades de los huérfanos y las viudas. Los niños se quedaron en la cama hasta la hora de ir a la escuela (¡para no enfriarse, hacía mucho frío en ese lugar en esa época!), y la mamá oró. Un tío, Cyrus Holton, llegó con leña para calentar la casa y los corazones de toda la familia. Podemos imaginarnos cuántas veces Dios les proveyó de tal manera.

El hijo mayor tenía sólo doce años al fallecer el padre. La mayoría de los norteamericanos no conocemos cómo es confiar en Dios para las necesidades diarias. Nuestros hijos van a sufrir por esta falta de confianza – ¡es seguro!

* Vivían en la escasez durante los años siguientes a la muerte del padre. Todas las semanas, repetidamente, tenían que decir «no» a los deseos de la carne; y esto fue un buen entrenamiento para su siguiente fructífera vida cristiana. La ropa se usó y se remendó hasta gastarse. A los zapatos se les consideró como una cosa de lujo; las cosas sencillas les encantaban a aquellos niños de pocos recursos. Sin duda, esto hizo que Moody siempre fuera compasivo ante los necesitados. Su corazón simpático es lo que atrajo a tantas almas al Maestro. Debemos buscar cómo enseñar a nuestros hijos a vivir sencilla y humildemente, aunque tengamos que construir tales condiciones de escasez.

* Las comidas fueron sencillas y básicas. Por necesidad, comían las mismas comidas a menudo. Esto será difícil para nosotros que comemos una gran variedad a cada rato.

Cuando Moody volvió a la casa de su madre quejándose por las comidas de su patrón, Elisabet le regresó para que cumpliera el tiempo comprometido. Su queja tuvo razón – 19 comidas repetidas de panes de maíz con leche, sin nada más. Yo creo que debemos hacer sencillas las comidas de nuestros hijos y enseñarlos a estar contentos con ellas.

Moody tuvo que llevar el yugo de la virilidad desde su juventud. Los niños tuvieron que buscar trabajo años antes que sus amigos. La pobreza los forzó a salir de su hogar a los diez años, para trabajar toda la semana en las fincas cercanas. Luego, volvían a su casa durante los fines de la semana para asistir a la iglesia. Yo sé que hoy día muchos de nosotros sentiríamos lástima al ver tal jovencito trabajando afuera del hogar, pero fíjate en lo que se produjo. La sociedad moderna nos ha señalado más que de lo que nos damos cuenta. Yo estoy convencido que hacemos gran favor en darles a nuestros hijos responsabilidades abnegantes.

¿Tienen ustedes riquezas? ¿Tienen todas las comodidades a su alcance? Muchos de nosotros somos ricos, pero no lo damos a conocer. Las riquezas son muy peligrosas porque hay muchas trampas en ellas. Si tienen riquezas, los amonesto a que vivan a un nivel muy abajo de su sueldo y regalen lo demás a otras personas. Sus hijos los bendecirán en el futuro por esta decisión. Es posible tener un sueldo de un millón de dólares, sin que otros lo sepan.

Una madre piadosa y resuelta

La querida Elisabet Moody es un precioso ejemplo de perseverancia para cada madre que lee este escrito. Ella es un ejemplo para cada madre desamparada, que anhela criar a sus hijos para Dios; sin un padre en el hogar. «Confía en Dios», fue su credo sencillo. Este también es el mensaje sencillo y básico de la Biblia. No podía darles a sus hijos una educación teológica como a otros mencionados en este libro, pero ella tenía en su corazón la realidad de esta teología. Esto es mucho más importante. No sé cómo estaba el nivel de espiritualidad en el hogar de los Moody antes de la muerte del padre.

Extrañamente, la historia del matrimonio Moody se queda silenciosa durante los primeros trece años. Posiblemente la tragedia de la pérdida del esposo y la desesperación de su situación le trajeron una realidad bendita en su relación personal con Dios. Ella vivió hasta el momento que pudo ver la grandeza del ministerio de su hijo Dwight, y murió sólo tres años antes de él – a sus 91 años. ¡Imagínate cómo se sentía en su vejez, pensando en los días de escasez ya pasados! Quizás se recordó de los tiempos en que estuvo casi al punto de dejarlo todo y Dios la ayudó a seguir adelante. Ya estaba clara en este asunto, pero antes todo era oscuro y nublado. Conservaba las prácticas y convicciones de sus antepasados puritanos en cuanto a la crianza de los hijos. Analicemos algunos de los métodos prácticos que usaba para moldear a «un siervo del Señor».

Los cultos familiares

La madre de Moody siguió el ejemplo de sus antepasados puritanos y reunió a toda la familia todas las mañanas para leer y orar. El hogar de los Moody tenía sólo tres libros, pero los tres eran muy importantes. Una Biblia, un catecismo y un libro devocional de inspiraciones y oraciones. Con estos tres libros recibieron sus instrucciones en asuntos santos. Los domingos por las tardes, tenían por costumbre reunirse frente a la chimenea, luego la mamá les leía estos libros. Aunque Dwight salió de su hogar débil en cuanto al entendimiento de la Biblia, fue formado en el bien. Dios preparaba a su siervo humilde y sencillo, que se maravillaba cuando las multitudes venían a escucharle. Dios entrenaba a un siervo que no tomaría la gloria para sí mismo.

Una vida sólida en la Iglesia

Un poco después del fallecimiento de Edwin, Elisabet inscribió a los hijos en la escuela dominical de la iglesia. Esto produjo una bendición enorme en la familia en varias formas. Las viudas y los huérfanos deben estar bajo el cuidado de la iglesia, y, el pastor Everett pronto cumplió este deber. Para una madre desamparada, es necesario que sea así. Hombres piadosos sirven como modelos y ejemplos vivos cuando falta un padre. Aunque el corazón joven de los hijos hubiera querido ausentarse de las reuniones de la iglesia para jugar, luego de una dura semana de trabajo, no se permitió; la familia llevó su almuerzo a la iglesia y se quedó allí todo el día, asistiendo así a los dos cultos y a la escuela dominical, además. Moody reflexionó sobre estos «días de descanso» y las influencias tiernas recibidas en ellos. En la escuela dominical, Moody sintió su primer gusto, al reunir a otros para enseñanzas bíblicas. Con frecuencia, trajo a otros niños a las clases. Estoy seguro de que el pastor Everett no tenía ninguna idea de lo que hacía cuando animaba al joven Moody para ir en busca de otros. Realmente, Moody no se convirtió hasta que salió del hogar, pero es claro que ese pastor se responsabilizó mucho en cuanto a la conversión del muchacho.

La disciplina estricta

Elisabet adoptó el antiguo método de criar niños. Un benévolo y amable corazón para guiar, y la vara para respaldar cuando su guía no produjera el resultado apropiado. Es una bendición saber que ella fue paciente, atenta y celosa en su disciplina, instruyéndolos a la vez en los tiempos de castigos. Moody podía recordar la vez que, luego de recibir un castigo con la vara, dijo a su mamá: «No me hizo nada». Años después añadió: «Fue la última vez que su castigo no me hizo nada». Elisabet guardó a los niños lejos de las influencias malas, y a los niños no se les permitió jugar afuera del hogar. Siempre invitaba a los vecinitos a su propio hogar para los juegos y pasatiempos, para guardar a sus hijos del mal.

A pesar de que Moody siempre reflexionaba tiernamente en cuanto a la disciplina dada por su mamá, nunca ocupó la vara con sus propios hijos. Creo que podemos cosechar algo de este error para nuestros propios hogares. En la escuela, Moody tuvo dos profesores muy distintos, los cuales le impresionaron profundamente. El uno fue austero y demandante, y ocupaba la vara con frecuencia; el otro fue benévolo y amable, pero no la ocupaba. Parece que Moody lo evaluó y decidió que el amor y la gracia sirven mejor que la ley y la justicia. Esta decisión trajo efectos negativos a la generación siguiente. ¡Qué tristeza! Lo que podemos cosechar para nuestros hogares en esto es estar balanceado.

El método bíblico se balancea con el amor y la justicia, y con la gracia y la ley. Nuestros corazones deben rebosar con amor, y, a veces ocupar la vara. Si nosotros no estamos balanceados, nuestros hijos pueden reaccionar ante esto y caer en la otra zanja.

Justicia práctica

Ésta es el área en que más se distinguió la sencilla fe de Elisabet. La justicia diaria, común y práctica fue su virtud prominente. Y, esto es lo que más falta hoy en día. Carecemos mucho de la sabiduría común sobre el vivir en justicia, diariamente. Nosotros, los cristianos de las Américas, estamos llenos de teología, pero vacíos de lo pragmático. ¡Señor, ayúdanos a aprender de esta pobre viuda! ¿Qué les enseñó a sus hijos durante los veinte años que estuvieron bajo su techo?

* Les enseñó con su ejemplo y por precepto, dar aun cuando no hay suficiente para sí mismos. Cuando llegó un transeúnte o apareció algún necesitado en la comunidad, ella les dio. Imagínate el efecto de esto en los hijos. Sabían que había poco pan en la casa. Luego Dios, quien es Padre de huérfanos, añadió a la lección proveyendo suficiente pan para todos. ¡Confiemos en el Señor y demos a otros para instruir a los hijos! Ellos siempre están atentos a lo que pasa en el hogar.

* Les enseñó a buscar primero el reino de Dios en medio de la escasez. Los versos que nos enseñan eso fácilmente se creen en medio de la plenitud; pero, ¿cómo se puede buscar a Dios en medio de las necesidades? Los niños aprendieron de primera mano que Dios es su Padre y que cuida a sus propios hijos.

* Les enseñó por precepto y ejemplo que no se permitía el quejarse en el hogar de los Moody. Fíjate en la profundidad de esta lección y el impacto que tuvo en los hijos. Vivían en la pobreza. Había un montón de razones para quejarse». El lobo estaba a la puerta, siempre. Sin embargo, no se permitía el quejarse. La mamá entendía que el quejarse trae la amargura y la amargura guía hacia más pobreza, así como a las acciones malas. «En todo da gracias», fue la regla del hogar.

* Les enseñó del peligro de juzgar al vecino. A veces esto fue una tarea difícil, porque frecuentemente recibieron injusticias de las manos de los vecinos no compasivos. La viuda y los huérfanos son la responsabilidad de la comunidad cristiana, pero muchas veces son los más desatendidos y despreciados. Así pasó con los Moody, mayormente en los primeros años después de la muerte del papá. La mamá guió con cuidado vigilante a sus niños en medio de estas insensibilidades de los vecinos. Con frecuencia los niños escucharon el aviso al manifestarse la negligencia: «No vamos a juzgar al vecino».

* Les enseñó a ser independientes, que adelantaran por sí mismos. No estaban en el espíritu de: «Dame, dame, dame», en este hogar. Los vecinos no les debían nada, porque Dios controla todo. Tal vez has reaccionado a la palabra ‘independientes’ que usé arriba. En medio de la pobreza es una de las altas cualidades de carácter. Elisabet le enseñó a la familia a levantarse en fe sobre las obras y enfrentar las necesidades con resolución. Este fue el punto más firme del carácter de Moody durante los días de su ministerio. Un Dios sabio y una madre sabia colaboraron para establecerlo en él.

* Les enseñó de lo sagrado que es cumplir una promesa. «Sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no» (Mateo 5:37). Esto hizo poner cuidado en la forma de hablar de los niños. Moody, al encontrarse en medio de cientos de solicitudes, fue lento en decir «Sí» por razón del entrenamiento de la madre. Muchas veces ella hizo volver a sus hijos para cumplir una promesa hecha en un momento de debilidad. Podemos aprender de este cuidado y compromiso hoy en día.

* Les enseñó del día de descanso. En aquellos días se llamaba el sábado (de acuerdo al término bíblico, aunque fue realmente el domingo. El día sábado no se llama Sábado en inglés), y se guardaba casi igual como los judíos guardaban su sábado. El día de descanso comenzaba al anochecer del día sábado y terminaba al anochecer del domingo. Todo se cambió en este Día del Señor. Todo era más calmado y lento, los corazones de los hijos se dedicaban a las cosas espirituales todo el día. Esto era muy diferente a lo que es el día domingo de hoy; todos juegan, compran, venden o trabajan. ¿Hemos perdido algo? ¡Creo que sí!

* Les proveyó un hogar amoroso, tierno y cariñoso. Cincuenta años después, Moody todavía reflexionaba con gozo al pensar en el hogar de sus padres. Fue como un imán que atraía sus pensamientos continuamente. Aunque su madre vivía en la pobreza, ella llenó su hogar con lo que vale más, aunque económicamente cuesta menos: el amor. Esta mamá tierna se dio a sí misma por sus hijos en el amor. Lo visualizaron y así se lograron formar el respeto y la adoración en sus hijos.

Conclusión

¿No admiras a esta santa? Yo, sí, la admiro. El respeto de mi corazón se levanta y la bendigo al concluir este escrito. Ella es un ejemplo a cada madre desamparada que anhela la piedad en sus hijos. Pasó a recibir su galardón a sus 91 años. Las palabras de su nieto deben citarse aquí. Describió a su abuela, en el servicio fúnebre, con palabras que coronan el recuerdo que ella dejó: «Sus hijos, los hijos de sus hijos y la entera comunidad se levantaron para llamarla bendita». Yo, también, soy una voz más que con gozo me levanto para llamarla mujer bendita, y madre en Israel.